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23 noviembre, 2006

Desaparecidos

La idea original es escribir sobre la Identidad desde distintos ángulos y no puedo comenzar a transitar ese camino de búsqueda y reflexión si no empezaba poniendo algo sobre los desaparecidos. Ellos conforman un mojón que debe ser recordado para que nunca más vuelva a suceder ni en este país ni en ningún lado. Nuestra identidad nacional sufrió un revés insuperable y que a 30 años aún no ha sido resuelto. Hijos sin identidad que aún siguen ignorando quiénes son... Y la identidad de muchos/as que vivimos esa parte de la historia también fue fracturada.

Para mí es un tema dificil que aún me llena de un miedo intangible. Era una adolescente llena de vida e ideales que de golpe vivió un oscurantismo en donde no se podía hablar, no se podía pensar y todo lo que nos rodeaba era miedo. Debíamos olvidar, debíamos cuidarnos o podíamos desaparecer. Una generación anterior que "desapareció", nosotros también desaparecimos en vida, debíamos pasar desapercibidos y, llenos de temor, debíamos olvidar lo que nos había dado fuerzas, debíamos ignorar lo que sentíamos y pensábamos. Los malos ahora eran los buenos, los buenos ahora eran los malos, qué era malo? qué era bueno? Eramos demasiado jóvenes para saberlo y "los argentinos que eran derechos y humanos" nos señalaron que callando ibamos a seguir por el camino de la vida. El "Proceso de Reorganización Nacional" (la sistematización de la violencia) había comenzado.

En esa época me sentía una revolucionaria, la imagen inmensa del poster del Che iluminaba no sólo la pared de mi pieza sino un futuro mejor pleno de libertad y reivindicaciones, donde entre todos ibamos a construir un mundo mejor. Esa imagen que mi mamá me hizo destruir, esos libros de ideología que mi mamá me obligó a romper —todo eso también desapareció, junto con una parte de mi identidad—. Esa mamá temerosa por su hija rebelde que desde su amor se quedaba rezando cuando iba a la facu en los estertores del gobierno de Isabel por temor a que no volviera. La que me decía "no des tu teléfono a nadie", no recibas ningún papel. Qué papel podíamos recibir si nos revisaban a la entrada y a la salida de la facu. Y si alguno distraídamente tenía alguno era demorado o llevado atrás de la facultad de Derecho y "desaparecía". Y eran los años 74-75 con el gobierno de Isabel y el siniestro de López Rega y la Triple A hacían estragos. El camino de la represión ya había comenzado en ese momento en donde ser "zurdo" ya era una mala palabra. Tampoco debemos olvidar ese período.

Sólo tenía 17 años, esos 17 años que fueron mutilados con el terror, que desaparecieron, que se llenaron de silencio, en donde no se podía ni pensar. En donde el sentimiento de libertad se enquistó hondo y sordo pero quedó estigmatizado como una meta a resolver y que intentamos transmitir a nuestros hijos/as. Identidad y Libertad. Una generación culposa y llena de miedos que recién hoy puede permitirse a hablar y recordar.

Aun en esta profundidad de la noche escribir sobre este tema me conmueve y mis pensamientos se paralizan, la represión en toda la extensión de la palabra hizo un trabajo impecable, nos sometió y nos moldeó en el silencio.

Noticia relacionada:

La telenovela Montecristo mostró la foto del hijo de secuestrados por militares que apareció ayer

Un joven buscaba a su padre y terminó descubriendo que era hijo de
desaparecidos. Había ido a las Abuelas de Plaza de Mayo y encontró allí su
verdadera identidad. Su foto -provista por Abuelas de Plaza de Mayo- había sido
mostrada en la telenovela argentina "Montecristo". Las Abuelas de Plaza de Mayo
anunciaron ayer la recuperación de la identidad de Marcos Suárez, secuestrado
junto a su padre en el marco del plan sistemático de robo de bebés durante la
última dictadura militar.

@DIN,22 de septiembre de 2006 - El hombre -de 31 años- se reencontró con su pasado y supo que era hijo de un matrimonio desaparecido durante la última dictadura. Había sido secuestrado junto a su padre, que lo llevaba en brazos todo el día luego de la desaparición de su madre, ambos militantes revolucionarios. Una enfermera lo recibió de sus verdugos y anotándolo a su nombre lo crió.

El descubrimiento de Marcos Suárez dio fin a una larga angustia, cuando por indicación de sus amigos se acercó a las Abuelas de Plaza de Mayo, buscando al padre que nunca conoció. Marcos se presentó en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) el 4 de abril de este año. Enseguida se hizo el estudio de ADN, y al conocerse su resultado se convirtió en el nieto número 85 hallado por esa organización de Derechos Humanos. Según calculan en las Abuelas, todavía quedan por ubicar e identificar más de 400 hijos de desaparecidos.

La foto del nieto número 85 que fue encontrado por las Abuelas de Plaza de Mayo apareció en la telenovela Montecristo, justo el mismo día en que Marcos Suárez se había enterado de que era hijo de desaparecidos. Es que la novela de Telefé -uno de los programas más exitosos de la televisión- trata sobre la historia de un hombre (Pablo Echarri) que se debate entre el amor de dos mujeres, hermanas e hijas de desaparecidos que aún no saben el vínculo que las une. Por eso la producción de la novela ha incorporado fotos de los chicos buscados por las Abuelas como una forma de profundizar esa campaña pública. (+ información).

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